La vida puede tener sentido incluso cuando no es fácil, incluso cuando no es justa
08/04/2026 – 11:47
¿Por qué algunas personas logran levantarse tras un golpe duro y otras quedan paralizadas por la adversidad? La pregunta atraviesa la psicología, la filosofía y la experiencia cotidiana. Para Viktor Frankl, neurólogo, psiquiatra y pensador austríaco, la diferencia no está en el carácter ni en la suerte, sino en algo más íntimo y silencioso: “El factor decisivo es la decisión, la libertad de elección”.
Frankl no parte de una visión ingenua del ser humano. Reconoce que estamos condicionados por la biología, la historia personal y el entorno social. “Un ser humano nunca es completamente libre”, admite. Sin embargo, insiste en que existe un espacio que ninguna circunstancia puede ocupar del todo: la capacidad de decidir la actitud con la que se afronta lo que ocurre. “Si no podemos cambiar la situación, siempre la última libertad es cambiar nuestra actitud ante esa situación”, afirma.

Si no podemos cambiar la situación, siempre la última libertad es cambiar nuestra actitud ante esa situación (Pexels/ Karola G)
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Uno de los ejes de su pensamiento es la crítica a la idea de que las personas están completamente determinadas por su contexto. Frankl advierte de que, cuando se elimina la noción de libertad interior, el ser humano deja de ser alguien para convertirse en algo. Frente a esa visión, reivindica la responsabilidad personal: la de “hacer algo o alguien a partir de sí mismo”.
Esta postura cobra especial fuerza cuando se observa el comportamiento humano en situaciones extremas. Frankl se apoya en estudios y testimonios de personas que sobrevivieron durante años en condiciones límite, como los campos de prisioneros de guerra o los campos de concentración. Su conclusión es clara: incluso bajo una presión extrema, puede reconocerse una libertad última, la de decidir cómo responder internamente a lo que no se puede evitar.